Richard Serra

Richard Serra (1939) creó para el museo Guggenheim de Bilbao una obra imposible de ver. Es una obra creada para crear, para sentir, para reflexionar. Una obra que necesita ser fecundada por nosotros y nosotras al introducirnos dentro de ella para reproducir una sensación de vértigo, un vértigo físico por los cambios que se producen una vez que ya estás dentro, pero también un vértigo psíquico. Y es que La materia del Tiempo  (Richard Serra, 2005) necesita del espectador para crear en éste, a partir de la mezcla de espacio y materia, la sensación del discurrir del tiempo. Un tiempo que no está hecho precisamente del acero autooxidable con el que realizó la obra, sino de lo que lleva la persona que interactúa con ella.

Una vez que te introduces en ella, todo queda fuera, te encuentras con lo que llevas contigo, tus pensamientos, tus reflexiones, tu pasado…sólo acompañados por el escándalo de las conversaciones de los demás visitantes, que dentro de la obra se vuelven un sordo murmullo que te recuerda a todo lo que te ha acompañado durante todo tu tiempo. Y tu tiempo al discurrir por la obra cambia, como nos hace cambiar a los demás sin darnos cuenta. Sus planchas de acero se vuelven y se inclinan por encima de nosotros y nosotras, nos abrazan envolviéndonos y separándonos del murmullo exterior y cuando se empiezan a abrir, de repente, nos damos cuenta que el exterior amenaza con entrar de nuevo…o se tuercen en una dirección obligándonos a inclinar nuestro caminar por la instalación haciendo una símil con cómo el tiempo nos hace cambiar sin darnos cuenta. Así, en una simbiosis entre escultura y arquitectura, se crea el espacio en el que se desarrolla nuestro tiempo mientras los cambios en la luz y en las texturas van creando en el visitante ese desasosiego que produce el discurrir del tiempo en el que la línea recta, la distancia más corta entre dos puntos es obviada, al igual que la la curva, nos hace dar rodeos, como en nuestro espacio temporal, como en esa gran Serpiente  (1994-97) en la que entramos para vivir una aceleración vital enmarcada en la sucesión de curvas que cambian levemente nuestro recorrido y la iluminación del devenir de los sucesos.

Y éste espacio temporal, dentro de una gran sala, se encuentra limitado. Como nosotros. Nos damos cuenta en la Torsión Espiral A (2003-2004) que nos invita a entrar y nos engulle dando vueltas cada vez más rápidamente entre dos paredes de un color más oscuro que el resto de la obra para llegar a vertiginosamente a un desenlace final dentro de esa espiral: una pared a partir de la cual ya no es posible seguir.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s