La locura es el arte

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Se ha escrito largo y tendido sobre la enfermedad mental y la genialidad. Lo de “loco genial” es tan recurrente que casi nadie se pregunta si realmente todos esos artistas a los que se tacha de locos, casi siempre por tener un temperamento o carácter peculiar o extravagante, lo son de verdad.

Muy bien sabemos que en el transcurso de la historia fueron varios, que no muchos, los que sufrieron enfermedades mentales importantes. El pintor Edward Munch, la poetisa Anne Sexton, la novelista Virginia Woolf, etc. De que sus sufrimientos y penurias influyeran en sus obras, no hay duda. De que esas etapas de enajenación y dolor los convirtieran en genios, ya sí la conlleva, la duda. De todas formas lo que sí está claro es que junto a una mente dañada ha de existir un importante grado de inteligencia, o el caos más absoluto, fruto de semejante disfunción, difícilmente derivaría en una obra artística de calidad.

Y dejando de lado a todos esos genios de nuestra historia del Arte, reconocidos por la mayoría, a veces aparecen rara avis en el panorama cultural. Como el caso de Henry J. Darger. Que 40 años permaneció recluido en su casa , que sólo abandonaba para acudir a la iglesia. Nadie se relacionaba con él, únicamente su vecino y casero, al que le hizo prometer que después de su muerte destruiría todo lo que encontrase en sus habitaciones. Y es que Darger se había creado un mundo propio a lo largo de todos esos años.

El casero no hizo caso de las indicaciones del inquilino y así, en ese pequeño apartamento, apareció una obra monumental. Gigantescos murales que retratan a niñas con sus cuerpos torturados y destrozados, otras veces en actitudes bucólicas y con grandes alas de mariposa. También un manuscrito de más de 15000 páginas en el que relata el mundo de las vivianitas, esos pequeños seres que luchan contra el mal.

Su pintura se conserva en el American Folk Art Museum, y es un referente de lo que se conoce como Arte marginal. Por la personalidad del autor, por las circunstancias en que fue pintada y por su calidad es objeto de constantes estudios.

Y ahora sí puedo saltar a otra de esas figuras inquietantes, en este caso español. Se trata del fotógrafo David Nebreda. Que igual que Darger lleva 40 años recluido en su casa. Diagnosticado de esquizofrenia paranoide, y después de estar ingresado en psiquiátricos, él mismo decide dejar todo tipo de medicación y abandonarse a su suerte. Pero no sin más. Porque usa su locura y su sufrimiento para experimentar en el arte. Nada de pose melodramática , todo en él es real. Una mente enferma inexplicablemente abierta, cuando de representar una idea se trata . Fotografía sus heridas, sus excrementos, su extrema delgadez… pero como él mismo ha dicho : “No soy un masoquista ni un fotógrafo de heridas”. Dicen los entendidos que su técnica es perfecta, sobre todo en el manejo de la luz y el desenfoque. Y yo, que soy incapaz de ver su obra, porque hiere terriblemente mi sensibilidad, no puedo dejar de imaginarlo reflexionando a la vez que sufriendo, y es como un latigazo en medio del alma. Por su verdad me merece muchísimo respeto, mucho más que otros que venden mentira.

Y acabo con esta frase de Munch, que tan bien podría explicar el trabajo de Nebreda: “Yo quiero retener estos sufrimientos, son parte de mi ser y de mi arte”.

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