En el amor y en la guerra todo vale

Cuando uno se encuentra frente al horrible pastiche de colores y tartamudeo de líneas, no sabe al principio que admirar más, si la desmesurada arrogancia con la que el señor Kandisnky pretende que su chapucería sea tomada en serio, la antipática imprudencia con que los miembros del Sturm, patrocinadores de la muestra, propagan este arte salvaje como manifestación de un nuevo arte de gran futuro, o bien la detestable fama de sensacionalismo del galerista que presta su sala para esta locura de colores y formas. Al final prevalece la compasión loca, digamos irresponsable, alma del artista que, como demuestran un par de cuadros de época precedente, antes de que se ensombreciera, sabia encontrar formas puras y bellas; al mismo tiempo se siente la satisfacción de que este tipo de arte haya llegado al punto en que se manifiesta, en toda su sinceridad, el ismo al que necesariamente debía arribar o, mejor dicho, embarrancarse, es decir, el Idiotismo” así rezaba una crítica aparecida en el  Hamburguer Fremdenblatt  en 1913  sobre una exposición de obras de Kandinsky.

Podemos ver parte de la opinión que veía en el arte del momento (arte Moderno) un arte incomprensible para el pueblo, alejado ya de las tendencias academicistas y al que más tarde Marx Nordau puso la puntilla llamándolo “Degenerado”.

Pero para comprender mejor esta crítica tenemos que mirar el contexto. En este momento el todavía Imperio Alemán sale derrotado de la Primera Guerra mundial, el Kaiser Guillermo II abdica  y se firman los tratados de Versalles con consecuencias nefastas para Alemania. En 1919 se inicia la República de Weimar con una grave crisis política y social, subidas de impuestos, una inflación tremenda y descontento en general que alimenta el radicalismo y aúpa al partido Nacionalsocialista alemán.

Tras duras batallas electorales en 1933 el partido Nazi consigue ganar las elecciones y aprovechando su poder Hitler da un giro e impone su dictadura, acabando con la república de Weimar por siempre jamás.

Después de esta introducción y en peligro de que haya conseguido dormir al respetable retomamos el tema. En estos años donde se pasa de la república de Weimar al totalitarismo Nazi también se lucha en otros campos distintos a los de batalla. Se va a producir una lucha por y con el arte hasta el punto de eliminar y combatir todo el arte moderno entendido como todo lo que se desarrolla en el siglo XX.

Se luchaba contra el arte moderno al cual  los nazis llamaban “arte degenerado, bolchevique y judío” da igual si tenía este sentido o no, había que acabar con él “todas las producciones artísticas de tendencias cosmopolitas o bolcheviques deben ser eliminadas de los museos y colecciones de Alemania; deben ser primero mostradas al público; deben conocerse tanto los precios de compra como los nombres de los responsables de los museos; después, hay que quemar todo ese material” esto es lo que en 1933 los órganos oficiales de la propaganda nazi exigen.

Lo que estaba ocurriendo es que en estos años convulsos el arte se sentía libre de ataduras, el arte se volvió más subjetivo que nunca, fue experimental y cubista,  fue nihilista, surrealista y expresionista, fue abstracto pero sobre todo fue incomprendido e intelectual. Las masas no lo entendieron (o no se dejó entender) se sintieron excluidos y sobretodo se ofendieron y sintieron como se les echaba en cara su estupidez. Esto le vino muy bien al Nazismo.

Los Nazis querían un arte que no reflejase el momento ni el contexto sino que lo ocultara y les exaltara, que les hiciese publicidad y los endiosara. Utilizó el arte moderno y su postura revolucionaria y rompedora y lo volvió contra el arte mismo. Lo tachó de Bolchevismo cultural y así lo desacredito.

Propuso en su contra un arte academicista, clasicista, romántico y figurativo, un arte manipulado y al servicio de su ego. Pero un arte entendible por el público por ser claro, un arte para adoctrinar y enmascarar la realidad.

Hizo exposiciones de “Arte Degenerado” como la de 1937 donde se exhibían obras para ser criticadas, para ser tratadas como germen de locura e irracionalidad y finalmente decidió quemar más de 20.000 o en su defecto las vendió para financiar lo que sería la Segunda Guerra Mundial.

No es posible por más tiempo discutir o tratar con esos corruptores del arte. Son locos, mentirosos o criminales, cuyo lugar está en los manicomios o en las cárceles” 1

Cuando alguien os formule esa pregunta de ¿Y el arte? ¿Eso para qué sirve? Seguro que sabréis que contestar, desde luego Hitler lo tuvo muy claro.

Aquí podéis ver imágenes de este “Arte Degenerado”

http://www.20minutos.es/fotos/artes/el-arte-degenerado-en-nueva-york-10340/

1 Fragmento de Discurso pronunciado en Nüremberg por Hitler en 1935

Bibliografía:

  • CHIPP, HERSCHEL B. Teorías del arte contemporáneo. Fuentes artísticas y opiniones críticas. Akal ediciones. 1995
  • Hinz B, Arte e ideología del Nazismo.
  • Imagen: https://maquinariadelanube.wordpress.com/2010/06/21/monstruos-y-marilyns/

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