Hacia un museo social

1. El museo hoy: entre lo que es y lo que debería ser.
Comenzado el siglo XXI, estamos asistiendo por fin a la desaparición de la idea de museo como cementerio de obras de arte, y su papel en la sociedad de hoy día se está ampliando de manera considerable: por un lado es un agente cultural, que actúa como transmisor de cultura, no sólo como mero conservador de piezas; por otro lado, actúa de mediador entre la cultura y el público, constituyendo un importante nexo de unión entre ambos; por último, los museos son dinamizadores culturales, tanto de cara al exterior de la institución (al público), como dentro de ella (en sus diferentes departamentos). Por todo ello, el museo de hoy necesita un modelo de gestión que potencie cualitativa y cuantitativamente su funcionamiento, dando lugar a museos más eficaces, orientados claramente a su principal elemento constitutivo: el público.
No queremos museos vacíos, sino repletos de visitantes que disfruten de sus contenidos, se diviertan y al mismo tiempo amplíen sus conocimientos culturales, aunque la triste realidad es que sólo ciertas instituciones son el destino de miles de personas al año, en la mayor parte de los casos debido principalmente a su localización en ciudades que, por sí mismas, son importantes destinos turísticos; sin embargo, la gran afluencia de público en estos museos, no implica que estén cumpliendo correctamente con todos sus objetivos. En cualquier caso, demasiados museos españoles adolecen la falta de visitantes para lo que hay que plantearse, como decíamos antes, un nuevo modelo de gestión, con enfoque en los usuarios, lo que se conoce como enfoque de marketing o “Gestión Estratégica”.
2. El marketing como garante de comunicación entre público y museo.
Lo primero es perderle el miedo a la palabra marketing y dejar de relacionarla con la economía capitalista y la obtención de beneficios económicos como único objetivo. El marketing aplicado a la cultura constituye una herramienta muy útil para conocer lo que el público potencial quiere, espera, le gusta y no le gusta de nosotros, el museo, para así adaptarnos a él y atraerlo, en lugar de adoptar una posición pasiva de espera pues, como dice Kotler: “Los museos deben crear audiencias atrayendo a nuevos visitantes, especialmente de los grupos más desatendidos, preservando los públicos ya existentes y animándolos a adoptar una actitud más activa…
En definitiva, la clave está en la Comunicación, una acción bidireccional que además se retroalimente como síntoma de su buen funcionamiento. Público y museo, por tanto, deben mantener una conexión, si no constante, si asidua, para que la relación continúe y sea fructífera para ambos. Para conseguirlo, el museo debe realizar una adecuada planificación estratégica, en la que es tan importante analizar tanto al público objetivo (mediante diversos estudios de público) como al propio museo, en un auténtico ejercicio de autorreflexión basado en análisis DAFO y CAME, cuyos resultados ayuden a definir los objetivos que persigue la institución museística y cuáles son las mejores estrategias a adoptar para conseguirlos.
3. Objetivo: Educar.
Según el ICOM, “un museo es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo” . De esta definición se desprende uno de los principales propósitos de cualquier tipo de museo: educar; y con ello volvemos a la idea de que el museo debe estar enfocado al público, protagonista de dicha educación. Es por ello que, el Departamento de Educación, debería ser una constante en todos los museos.
El área de Educación debe tener su propio plan de marketing, desde el que no sólo se promocione al museo y sus fondos, sino también desde donde se conciban actividades destinadas a grupos de público específico, de manera que se trabaje sobre unas necesidades más concretas, asegurando una mejor recepción del discurso educativo.
La elaboración de dichas actividades debe ser una labor constante, en continua búsqueda de nuevas fórmulas de comunicación que despierten la curiosidad en nuestros diferentes grupos de público, asegurando una continuidad en las visitas y en la participación de la vida del museo y contribuyendo con ello a crear una imagen institucional diferenciadora de otras instituciones.
Por este motivo, la figura del Educador en el museo se presenta como una pieza fundamental para el correcto funcionamiento de una institución que pretende conectar con la sociedad y contribuir a la difusión de la cultura.
4. “Innovar no siempre está relacionado con las nuevas tecnologías”
Nadie mejor que una experta en nuevas tecnologías y entornos virtuales para realizar tal afirmación, Soledad Gómez, cuyo trabajo y área de investigación gira en torno a las redes sociales, juegos en línea y los social media en general. ¿Nuevas tecnologías? Si, por supuesto. Son una herramienta más a disposición del museo, en general, y del educador, en particular, que tiene que ser debidamente adaptada a los objetivos de la institución. Sin embargo, con el empleo excesivo de las TIC se corre el peligro de “deshumanizar” el museo, convirtiendo la visita a sus instalaciones en una interacción fría y solitaria entre el usuario y las piezas expuestas, eliminando un factor muy importante en un auténtico museo social: las relaciones humanas. Las guías, paneles y monitores interactivos, que se colocan a disposición de los visitantes a lo largo del itinerario museístico son de indudable utilidad, no cabe duda, pero no debe ser excluyente de la presencia de personal especializado dispuesto a ayudar, guiar, explicar y enseñar.
El museo debe reflexionar acerca de sus necesidades tecnológicas, aunque indudablemente deben estar presentes en determinados momentos de su Plan Estratégico. Viviendo en la era de la información, por ejemplo, sería un error no aprovechar las ventajas que las TIC nos ofrecen para darnos a conocer: las redes sociales, páginas webs, blogs, constituyen una herramienta publicitaria económica y eficaz pues, como dice Paul Capriotti: “Nadie elige algo que no está” , refiriéndose a la presencia del museo en el ciberespacio, aunque eso no asegura las visitas.
En definitiva, es responsabilidad de cada institución museística aplicar, de forma responsable, las nuevas tecnologías a sus planes de acción, teniendo en cuenta que no se es mejor por “estar a la última”, tecnológicamente hablando, y que, muy a menudo, lo más sencillo y fácil es lo más eficaz.
5. La accesibilidad universal: condición indispensable para un auténtico museo social.
Por último, todavía es necesario hacer hincapié en las deficiencias, en cuanto a accesibilidad, que sufren gran parte de los museos españoles. A Pesar de que la educación y la cultura es un derecho constitucional, y que la sociedad está cada vez más sensibilizada con las dificultades que sufren las personas con algún tipo de discapacidad, todavía hay mucho camino que recorrer para llegar a una accesibilidad universal en nuestras instituciones museísticas.
Al igual que se realizan planes específicos para diferentes tipos de público según su edad, su nivel educativo, su área de interés, etc, deben realizarse igualmente estudios de público con discapacidad, para poder cubrir adecuadamente sus necesidades particulares según el tipo.
Un auténtico museo social debe llegar a la plena eliminación de barreras físicas, intelectuales, económicas, emocionales, etc, para que absolutamente nadie tenga ningún motivo de peso para no visitarlo.
6. Conclusión.
El camino hacia el museo social pasa primero por la toma de conciencia de ser una institución al servicio de la sociedad, actuando como agente cultural, como mediador (entre la cultura y el público) y como dinamizador cultural. Para conseguirlo debe usar herramientas que hasta hace poco se consideraban fuera de la órbita de la cultura, como son el marketing y las nuevas tecnologías, que traídas a su terreno se nos presentan fundamentales para dar a conocer el museo y difundir sus contenidos. El equipo humano debe seguir siendo el principal pilar del museo, destacando la figura del educador para asegurar la adecuada transmisión de conocimientos, aunque sin menospreciar al resto de profesionales que “humanizan” la institución, trabajando en conjunto para conseguir la accesibilidad universal, colofón de un auténtico museo social.

BIBLIOGRAFIA Y WEBGRAFIA
– Moistrol, Ricard, “Evolución y aplicación del marketing cultural en los museos”, en Bid, nº23, 2009, Universitat de Barcelona.
http://icom.museum/la-vision/definicion-del-museo/L/1/
https://vimeo.com/42324331 (Soledad Gómez)
https://vimeo.com/86505601 (Paul Capriotti)

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